miércoles, 18 de abril de 2012

Con C de cáncer

No es tanto el cáncer como todas las enfermedades que van surgiendo alrededor y como consecuencia del mismo lo que hace de mi vida un lugar poco agradable. Cuando en otras ocasiones he hablado de los tabúes que rodean el cáncer me refiero a cosas como los recuentos hormonales que se desmandan y convierten tu día a día en una pesadilla en la que no volverás a tener la regla, estarás siempre cansado, tendrás diarreas incontrolables o estreñimientos feroces sin previo aviso, hay a quien se le cae el pelo o a quien, como a mí, le florece vello donde no debería, la pérdida brutal de peso con la consiguiente pérdida brutal de fuerzas y energías. Son estas cosas y no el tumor en las vías biliares lo que hacen de mi vida un sitio donde no dan ganas de quedarse a vivir.

Además, son estos aspectos los que la gente no acaba de comprender. Es como si realmente no estuvieras enferma, sino que una vez pasados los ciclos de quimioterapia ya deberías estar poniéndote al día y recuperando fuerzas. Cuando ahí empieza realmente la andadura, expresión nunca mejor escogida. ¿Cómo soportar a diario un cúmulo de pequeñas enfermedades y molestias que han sido causadas de forma voluntaria y que ahora hay que ir solucionando una a una y muy despacio porque tienen serias complicaciones? Como, por ejemplo, mi anemia pertinaz o mi insuficiencia renal provocada a cuenta del cóctel de antibióticos para caballo que he tenido el placer de albergar en mi organismo durante los dos últimos.

Siento como si mi cuerpo me estuviera diciendo "estás en el lugar que tú solita te has buscado y ahora te aguantas", como si hubiera llegado al límite de mis fuerzas y ya estuviera en tiempo de descuento. Levantarse de la cama (o incluso despertarse), mantener una mínima higiene corporal, conseguir controlar la diarrea pero ingerir los suficientes alimentos como para ir ganando algo del peso perdido y que necesito; todas ellas son tareas que han de llevarse a cabo pero que cuestan un esfuerzo titánico y que, para colmo de males, no siempre consigo realizar con éxito.

Estoy leyendo, cuando mi concentración me lo permite, el libro de Susan Sontag "La enfermedad y sus metáforas" y es aleccionador en cuanto a lo que se percibe públicamente o la imagen que se tiene del cáncer, sus pacientes y todo lo que los rodea. Es aleccionador desde un punto de vista bastante duro, poco concesivo e incluso, a veces, algo agresivo, pero considero que está muy orientado hacia la realidad. Al menos mucho más que las opiniones que encuentro en la gente que me rodea. Ojalá alguien supiera decirme de dónde sacar las fuerzas y cómo enfrentarme a todo esto que me está pasando.

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