lunes, 16 de abril de 2012

La reconquista de mi cuerpo

Tras unas cuantas semanas enclaustrada gracias a una infección causada por pseudomonas, trato de recuperar mi cuerpo y mi vida. Tarea que no me está resultando especialmente fácil pero que no puedo dejar de hacer. En esta ocasión, la estancia en el hospital, aparte de más larga de lo que había imaginado, ha sido como un ataque terrorista a mi cuerpo. Una insuficiencia renal grave, una anemia que ha requerido hasta cuatro transfusiones de sangre, un descenso del ánimo hasta el punto de desear la muerte, el agotamiento de mis venas que obligó a buscar una vía central (proceso que dolió terriblemente), entre otros procedimientos a los que me he visto sometida y que han sido fuente de sufrimiento. He sido tratada más o menos como un trapo viejo, un punching ball al que se puede golpear sin cargo de conciencia mientras entrenamos el tratamiento. Al menos, la consideración que yo he sentido ha sido ésa. Y cada mañana, mientras a mí se me escapaban las lágrimas, los médicos recurrían una y otra vez a recomendarme paciencia como única técnica válida para enfrentarme al dolor, al hastío.
La parte de la que no me puedo quejar es que estando en aislamiento por infección no he tenido porqué compartir habitación. Cosa que sí tuve que hacer durante la primera parte de mi ingreso, hasta que me diagnosticaron, y que fue bastante poco gratificante en esta ocasión. Supongo que no sólo la otra señora era poco dada a la convivencia, sino que yo tampoco estaba en mi mejor momento. Sigo sin estarlo pese a que la fiebre, por suerte, no ha vuelto. Y hay que cruzar los dedos porque, por lo visto, este tipo de infecciones no se curan, sólo se espera entre períodos en los que los virus deciden dar tregua.

Hoy, casi dos semanas después, sigo sin fuerzas, tratando de recuperar la yo que he perdido por el camino. El oncólogo dice que la glándula suprarrenal no me funciona y que eso puede estar detrás de que haya ciertos procesos que mi cuerpo no esté haciendo. Y que tengo que recuperar el peso perdido porque la cosa, con 42 kilos, roza lo patológico. Mientras espero que me hagan más pruebas para orientar un poco más el tratamiento, tomo batidos de frambuesa de suplemento alimenticio para intentar compensar lo que no puedo comer de otra manera porque no hay forma de hacer la digestión sin que me cueste una morfina de rescate.

Al margen de todo, lo que más cuesta es sacar una sonrisa, el ánimo, el valor de ser capaz de enfrentarte a un nuevo día en el que tendré dolores y me faltarán fuerzas hasta para subir unos pocos peldaños. Intento hacerlo, no quedarme estática, esperando simplemente que las cosas pasen, sino salir y hacer en la medida de lo posible. Pero es difícil, da miedo no saber qué está por venir o imaginar que lo vendrá será negativo o doloroso. Sé que no hay nadie al otro lado pero a veces desearía encontrar alguien que pudiera orientarme en esta negritud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario