Otra de las razones por las que los hospitales están tan sumamente congestionados (aparte del mal uso que les damos, eso huelga decirlo) es la masificación de ancianos que hay. Cuando uno envejece, se empieza a ver aquejado de muy diferentes patologías y dolencias que van aparejadas con la edad y que, si bien no se pueden curar, se intentan paliar para prolongar al máximo la vida del paciente. Esto hace que en muchas ocasiones las camas que deberían estar ocupadas por pacientes por los que se podría hacer algo real (una cura definitiva que no traiga de vuelta al paciente al hospital) lo estén por ancianos que se debaten entre vivir una o dos semanas más, uno o dos meses más.
Seguramente sueno cruel, pero es mi manera de pensar tras haber pasado muchos días y muchas semanas entre las paredes de un centro hospitalario. Ancianos y ancianas que se niegan a comer, que musitan entre dientes "señor, llévame pronto" cada cinco minutos, que no quieren hacer el esfuerzo de levantarse de la cama para mejorar sus cuadros clínicos, que se dejan hacer en muchos casos sólo por el empuje de los familiares que no están dispuestos a dejarlos marchar todavía aunque sea lo que ellos deseen desde hace tiempo y nadie les haya dado la oportunidad de decirlo (en algunos casos, ni ellos mismos se dan esa oportunidad por la educación recibida).
¿Tan descabellado es pensar en la idea de crear hospitales geriátricos, especializados en las patologías y enfermedades típicas de la edad? Centros donde se les pueda atender de acuerdo con su edad, con sus dolencias, con sus hábitos y, sobre todo, con su decadencia física. Por supuesto hay algunos ancianos que son perfectos compañeros de habitación, que derrochan simpatía y vitalidad en mayor medida que muchos jóvenes y que tienen ganas de curarse para seguir viviendo su vida. Pero esto no es lo más habitual. Lo normal es encontrarse ejemplos como los mencionados anteriormente, que sólo bajan la moral porque contagian su desánimo, que no se molestan en hacer fácil una convivencia por definición complicada ya que se desarrolla en 6 metros cuadrados y que se anquilosan y escudan tras sus muchos para hacer valer sus opiniones y gustos al más puro estilo dictatorial.
Es terrible ver que los estragos de la edad nos apartan de lo que fuimos para convertirnos en lo que seguramente todos han detestado en algún momento, pero esa es la realidad del día a día y eso es con lo que habría que lidiar a la hora de hacer política sanitaria, a la hora de pensar en recortes y a la hora de replantear un sistema sanitario que tal y como está dispuesto se agotará muy pronto. Es triste pero cierto que la edad será lo que nos mate una vez que los avances den con las curas o la manera de cronificar todos los males. Y deberíamos estar preparados para que los hospitales sean los lugares donde uno va a sanar, no a morir.
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