jueves, 9 de febrero de 2012

Diagnóstico por imagen

Esta tarde he ido a mi hospital de referencia (el Hospital Universitario 12 de Octubre en Madrid, donde debo decir que he sido tratada con la mayor diligencia) para hacerme el TAC de rigor de cada mes y medio o dos meses. Ya he dicho en alguno de los post anteriores que esta semana está siendo un poco desagradable: los dolores están siendo bastante intensos y he tenido que recurrir en diversas ocasiones a la morfina de rescate para ser eso, "rescatada" de las garras de un padecer incapacitante. El dolor no sólo me angustia (que también) sino que me deprime profundamente, tira por tierra todos los esfuerzos que hago por sobreponerme y crear una vida normal con mis rutinas y quehaceres diarios a los que me obligo. La depresión es como un monstruo negro, blando y gigantesco del que se puede huir a todo correr hasta perderlo de vista pero que, en cuanto te paras en un recodo del camino bien sea a tomar un respiro, bien sea por una caída de la que hay que levantarse, te atrapa contra su propio cuerpo en lo que parece un abrazo mortal que no permite mirar más allá. Atenazada entre las garras del monstruo de la depresión, una se puede llegar a sentir reconfortada y eso es lo verdaderamente peligroso porque se pierde el ímpetu por luchar, por salir de ahí. Solamente te abandonas a la autocompasión con la que el monstruo te regala los oídos, la pereza total parece un modo óptimo de vida.

Soy consciente de que es un camino de ida y vuelta que recorro muchas veces a la semana, al mes, que no estoy profundamente deprimida como juzgarme con tanta dureza pero sé ver los síntomas cuando aparecen, ya los he sufrido en otras ocasiones. Sé que este subeybaja emocional se debe al dolor físico, al cáncer, a una situación personal poco clara, pero el caso es que saber los motivos no evita que cueste terriblemente levantarse tras cada tropiezo.

Como decía, me han hecho el TAC en el hospital para que dentro de un par de semanas acuda a consulta y me revelen los resultados. Ahí se verá si las cosas siguen estables por ahí dentro o si algo se está removiendo y causando estragos entre las vísceras. Ya tengo experiencia, conozco el proceso. El ayuno durante todo el día, el agua con contraste media hora antes de entrar, la vía venosa con el yodo y los apenas 2 minutos en el donut patrocinado por Siemens que ofrecerá una visión de mis entrañas en cómodas lonchas de un diámetro finísimo. Siempre me asalta un indefinido y leve temor cuando el contraste yodado insufla calor durante unos instantes en mis gónadas y en el cuello. Es normal. Pero se te aparece con claridad ante los ojos el consentimiento informado que firmas antes de entrar. Y el pálpito difuso de ser una de esas excepciones que confirman la regla y motivo por las cuales se crearon dichos consentimientos que eximen de responsabilidad a los facultativos.

¿Se verá en esa prueba de diagnóstico por imagen la pena que a veces me parece casi física y me impide respirar? ¿Será la causa de este dolor agudo de los últimos días la marea negra de la depresión? ¿Aparecerán como una cinta de Moebius, como un nudo infinito, la enfermedad, la pena y el dolor como causas y consecuencias de mí misma?

No hay comentarios:

Publicar un comentario