La peor parte de la enfermedad es el dolor. Y la peor parte del dolor, el sufrimiento. Cuando aparece una enfermedad, uno no es consciente del todo del dolor que dicha enfermedad conllevará. Es posible que sea un poco, que se pueda controlar mediante analgesia o mediante tratamiento o es posible que se sufra un dolor descontrolado. Cuando el dolor es intenso y la analgesia se queda corta, suele aparece aparejado un sufrimiento que tiene un componente emocional casi total. El sufrimiento es miedo a experimentar más dolor, a que la situación se alargue sin solución, a que no haya nada que pueda paliarlo, a que se repita una vez desaparezca, a que haya que aprender a vivir con ello y uno no sea capaz de sacárselo de la cabeza.
En mi caso, el dolor existe. Subyace un dolor persistente y pertinaz frente al que me medico de forma habitual con morfina y al que los oncólogos no han encontrado una explicación realmente satisfactoria más allá de que "pertenece al conjunto de síntomas previsibles". Eso no es consuelo. Ni siquiera la morfina es consuelo. Últimamente, desde hace un par de meses, sin que se haya revelado cambio alguno en las pruebas por imagen (TAC, RX, PET), el dolor se ha agudizado y la solución propuesta por los facultativos ha sido incrementar la dosis diaria de morfina y darme vía libre para tomar a discreción (siempre que la situación lo requiera) morfina "de rescate", es decir, de liberación rápida. Puede parecer un remedio y desde luego, cuando el dolor te dobla sobre tu propio abdomen, te impide levantarte de la cama, ni pensar con claridad, es un salvavidas al que no me voy a negar que me agarro; pero por qué? ¿durante cuánto tiempo?
Si no hay una explicación para mi dolor, ¿cuál es el motivo del mismo? Se supone que el dolor es una alarma que utiliza el cuerpo para llamar la atención sobre algo que no anda bien, ¿qué ocurre cuándo no significa nada? ¿o cuándo no sabemos interpretar las señales? Entonces el sufrimiento aparece. Las preguntas que no tienen respuesta comienzan a agrandarse y a enredarse alrededor de mi cuello, impidiéndome respirar. Anidan el fondo de mis pulmones haciendo terriblemente doloroso hinchar el pecho para llenarlo de aire en cada bocanada que cojo intentando relajarme tal y como me recomendaron los terapeutas que hiciera. Los calambres en todo el tórax, sin un foco localizado, se extienden hasta los hombros, los brazos y no me dejan relajar los músculos tal y como me aconsejaron que hiciera cuando la angustia por el dolor apareciera.
Así que, a parte de un dolor real y un ataque de angustia, me encuentro con la incapacidad de detenerlo por mí misma. ¿Y por qué? No sabemos. Se supone que la enfermedad está controlada, que he eliminado la neurotoxicidad que me provocó una agresiva quimioterapia, que todo está dentro de los baremos normales. ¿Pero entonces qué significa el dolor? ¿Qué está tratando de decirme mi cuerpo en lo que parece un grito de socorro? ¿Qué petición de ayuda estoy incapacitada para interpretar?
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